El 15 de junio de 1955 quedó marcado como una fecha bisagra para Neuquén. Ese día, el Congreso Nacional sancionó la Ley N° 14.408, que puso fin a décadas de dependencia administrativa del Estado nacional y abrió el camino hacia la conformación de una provincia con instituciones propias. La norma sería promulgada el 28 de junio, apenas tres meses antes del derrocamiento de Juan Domingo Perón.
La ley no sólo alcanzó a Neuquén. También dispuso la provincialización de Formosa, Río Negro y Chubut, y creó una extensa provincia denominada Patagonia, concebida para abarcar desde el paralelo 46° Sur hasta el Polo Sur, incluyendo Santa Cruz, Tierra del Fuego, las Islas del Atlántico Sur y el Sector Antártico Argentino.
Sin embargo, aquel diseño territorial quedó trunco. La denominada Revolución Libertadora, que tomó el poder en septiembre de 1955, anuló parte del esquema previsto. Un año más tarde, mediante el decreto-ley N° 21.178, creó el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, mientras que con el resto de la proyectada Patagonia se constituyó la provincia de Santa Cruz.
Para Neuquén, la sanción de la ley representó el inicio de un proceso institucional que culminaría dos años después. El decreto-ley N° 4.347, del 26 de abril de 1957, facultó al Comisionado Federal a convocar a elecciones para designar convencionales constituyentes. Ellos serían los encargados de redactar la Carta Magna provincial.
Finalmente, el 29 de noviembre de 1957, Neuquén sancionó su Constitución y consolidó jurídicamente una autonomía que había comenzado a gestarse con la provincialización.
La incorporación plena al sistema federal argentino permitió a los neuquinos elegir a sus propias autoridades y definir el rumbo político e institucional de una provincia que, décadas más tarde, se convertiría en uno de los principales motores energéticos del país.
Setenta y un años después, aquella decisión legislativa continúa siendo uno de los hitos fundacionales más trascendentes en la historia de Neuquén.







