A un costado del histórico Campamento Central Nº1, entre las huellas de la naciente industria petrolera y el viento áspero de la estepa neuquina, un grupo de trabajadores y vecinos decidió fundar algo más que un club. El 25 de mayo de 1920 nacía Club Atlético Plaza Huincul, una institución que terminaría convirtiéndose en refugio social, semillero deportivo y símbolo de pertenencia para generaciones enteras de la comarca petrolera.
Pasaron 106 años desde aquella reunión inicial encabezada por Carlos Vianna como presidente y José Ravenna como secretario. Junto a ellos aparecían apellidos que todavía resuenan en la memoria colectiva de Plaza Huincul: Paganini, Sayago, Guarrochena, Bustos, García o Puppi. Hombres ligados al nacimiento mismo de una comunidad que crecía alrededor de los pozos petroleros y de la presencia decisiva de YPF.
Como ocurrió con muchas instituciones patagónicas del siglo XX, el club fue también una extensión del entramado social construido alrededor de la empresa estatal. Allí convivieron el deporte, los bailes populares, las reuniones vecinales y hasta las celebraciones patrias. En tiempos donde el Estado y YPF moldeaban buena parte de la vida cotidiana, el club funcionó como un espacio de integración en medio de una ciudad todavía en formación.
El crecimiento institucional tuvo uno de sus hitos el 25 de mayo de 1956, cuando bajo la presidencia de José Roque Ariza quedó inaugurada la nueva sede ubicada en Atahualpa Yupanqui y avenida Pedro Rotter. El edificio representó mucho más que una obra material: simbolizaba la consolidación de una institución que ya formaba parte de la identidad huinculense.
Sin embargo, la historia del club también quedó atravesada por las transformaciones económicas y políticas que marcaron a la región. En 1997, en pleno proceso de privatizaciones y reconfiguración de la estructura petrolera argentina, YPF vendió el terreno y las instalaciones al club. Pero la regularización definitiva de la propiedad demoraría más de dos décadas: recién en 2019 se concretó la escrituración.
Detrás de esa demora administrativa se escondía, en realidad, una postal frecuente de muchas instituciones patagónicas nacidas bajo el paraguas de YPF: espacios que sobrevivieron al retiro de la empresa estatal gracias al esfuerzo de dirigentes, socios y vecinos que evitaron que esos edificios quedaran vacíos o desaparecieran.
La Personería Jurídica llegó oficialmente el 30 de octubre de 1961 mediante el Decreto Nº 02617/61. Pero para entonces el club ya era parte del ADN social de la comarca.
Hoy, a 106 años de su fundación, Club Atlético Plaza Huincul continúa representando algo más profundo que una institución deportiva. Su historia resume, en buena medida, la propia historia de la ciudad: el petróleo, la inmigración interna, el sentido comunitario y la persistencia de quienes eligieron construir identidad en medio de la Patagonia.







