Vecinos de Central denuncian disturbios tras las fiestas del club Plaza Huincul

Calles valladas, disturbios, consumo de alcohol, daños en viviendas y personas tendidas en la vía pública.

Los vecinos aseguran que los eventos se realizan con autorización, pero cuestionan que un club deportivo sea utilizado para fiestas masivas sin aislamiento acústico suficiente. Denuncian calles valladas, disturbios, consumo de alcohol, daños en viviendas y personas tendidas en la vía pública.

“No podemos dormir, no podemos estacionar y no podemos vivir literalmente”. La frase resume el hartazgo de los vecinos del barrio Central de Plaza Huincul, quienes aseguran que las fiestas realizadas en el Club Deportivo Plaza Huincul transformaron la vida cotidiana del sector en una sucesión de noches de ruido, peleas y situaciones de violencia.

El último episodio volvió a encender el reclamo. Según denunciaron los residentes, durante la madrugada una persona quedó tendida e inconsciente en la vereda frente a una vivienda. En la misma noche, además, se produjeron daños en una casa del barrio.

Una de las vecinas aseguró que parte de la estructura de su vivienda resultó afectada durante los disturbios. “La canaleta y otras cosas que rompieron fueron en mi casa”, relató.

El reclamo no es nuevo. Los vecinos aseguran que desde hace tiempo vienen planteando la situación ante distintos organismos y que, hasta ahora, la respuesta que reciben es que las fiestas están autorizadas.

La autorización, sin embargo, no resuelve el problema que plantean quienes viven en el lugar.

“Es un club deportivo, no un salón de eventos”, cuestionan.

El ruido atraviesa las paredes

Uno de los principales reclamos está relacionado con la falta de aislamiento acústico. Los vecinos sostienen que la música se escucha dentro de sus casas como si estuvieran en el interior de la fiesta.

“Se escucha como si estuviéramos adentro de la joda”, describió una residente.

Por eso reclaman que las autoridades realicen mediciones de sonido durante el desarrollo de los eventos y, particularmente, dentro de las viviendas afectadas.

El problema, según denuncian, es que los controles no se realizan en el momento en que se producen las molestias. Los vecinos aseguran que durante la noche no cuentan con una respuesta efectiva de las áreas municipales encargadas de verificar los niveles de ruido.

Mientras tanto, las fiestas continúan. Y también, según los vecinos, los inconvenientes.

Calles valladas y vecinos encerrados

Los operativos de seguridad dispuestos durante los eventos también se convirtieron en otro motivo de conflicto.

Los vecinos aseguran que las calles son valladas y que, en la práctica, quienes viven en el barrio quedan encerrados.

“Mi marido tenía que ir a trabajar a las seis y media de la mañana y estaba todo vallado”, relató una vecina.

A pocos metros de su vivienda, según su testimonio, había una persona tendida en la vereda. En su casa, además, se habían producido daños.

La pregunta que plantean los residentes es directa: ¿quién controla la seguridad de los vecinos que viven alrededor del club?

Peleas, alcohol y menores

Los vecinos también manifestaron preocupación por la edad de quienes concurren a los eventos y por el consumo de alcohol.

Según denunciaron, para ingresar se solicitaría documentación a los asistentes para verificar que sean mayores de 16 años. Sin embargo, sostienen que dentro de las fiestas se venderían bebidas alcohólicas a personas menores de 18.

“Los chicos salen en pedo, salen picando y las motos hacen ruido”, describieron. Los residentes aseguran que, luego de las fiestas, el barrio queda atravesado por el movimiento de personas alcoholizadas, motocicletas y episodios de violencia.

También mencionaron peleas, golpes y otros hechos que, según sostienen, se han repetido en las inmediaciones del club. Incluso afirmaron haber escuchado disparos en algunas oportunidades.

“Han apuñalado chicos, han baleado chicos y han dejado personas inconscientes acá a la vuelta de mi casa”, denunció una vecina.

Estas afirmaciones deberán ser contrastadas con los registros oficiales de las autoridades policiales y judiciales.

“Nos mandan de un lado a otro”

El cansancio de los residentes también tiene que ver con la falta de una respuesta que consideren definitiva. Cuando reclaman ante el club, aseguran que les indican que deben dirigirse a la Municipalidad. Cuando acuden al municipio, sostienen que reciben como respuesta que los eventos están habilitados.

Así, el reclamo queda atrapado entre una autorización administrativa y las consecuencias que los vecinos aseguran padecer cada vez que se realiza una fiesta.

“Ya no sabemos qué hacer ni a quién reclamar”, resumió una de las residentes.

El pedido de los vecinos es que se controle el nivel de ruido, se revise la habilitación y el uso que se le da al espacio, se verifiquen las condiciones de seguridad y se controle la venta de alcohol y el ingreso de menores.

También reclaman que los operativos no terminen convirtiendo a los propios residentes en prisioneros de su barrio.

Un barrio familiar que dice haber llegado al límite

El Barrio Central es descrito por sus residentes como un sector familiar. Para ellos, la discusión no pasa solamente por una fiesta ocasional, sino por la reiteración de eventos y por lo que ocurre en las calles cuando terminan.

Ruido. Motos. Personas alcoholizadas. Peleas. Calles cerradas. Daños en viviendas. Personas tendidas en las veredas.

Los vecinos aseguran que la situación se repite y que ya no están dispuestos a seguir soportándola.

“Acá no hay nada que nos garantice seguridad, ni a los chicos que van a las fiestas ni a los vecinos”, sostuvo una de las residentes.

La denuncia plantea ahora una pregunta que deberá ser respondida por las autoridades: ¿qué controles existen sobre las fiestas que se realizan en el Club Deportivo Plaza Huincul y quién garantiza que una actividad autorizada no termine afectando la seguridad y la tranquilidad de todo un barrio?