Neuquén: una clase de ESI terminó en una denuncia por violencia y cuatro días sin clases en una escuela primaria

El episodio ocurrió en la escuela primaria N° 202, en el oeste de la capital neuquina. Una mujer que se presentó como “abuela del corazón” de un alumno de quinto grado ingresó al aula para cuestionar un cuento que trabajaban los estudiantes. La docente denunció lo sucedido y la comunidad educativa resolvió suspender las actividades durante cuatro días.

Una clase de Educación Sexual Integral (ESI) terminó en un conflicto que alteró durante cuatro días el funcionamiento de la escuela primaria N° 202, ubicada en el oeste de la ciudad de Neuquén. Una mujer que se identificó como “abuela del corazón” de un estudiante de quinto grado irrumpió en el aula para cuestionar un cuento que estaban leyendo los alumnos y protagonizó una discusión con la docente a cargo.

La maestra interpretó lo ocurrido como una situación de violencia, realizó una denuncia policial y posteriormente solicitó una licencia médica. El episodio derivó en una decisión del equipo docente de suspender las clases durante cuatro jornadas, con el argumento de resguardar a los trabajadores y a los estudiantes.

Según explicó el vocal del Consejo Provincial de Educación (CPE), Policani, el organismo intervino luego de tomar conocimiento del conflicto. La mujer fue convocada en dos oportunidades para conversar sobre lo sucedido y, además, se dispuso la intervención del Equipo de Apoyo y Orientación Profesional a las Instituciones Educativas (EAOPIE), integrado por profesionales que acompañan a las comunidades escolares ante situaciones de esta naturaleza.

Las actividades se retomaron este lunes, después de cuatro días sin clases.

ESI: qué se enseña y por qué es importante

Más allá del episodio puntual, el conflicto vuelve a poner en discusión la Educación Sexual Integral, una política educativa establecida por la Ley Nacional 26.150, sancionada en 2006, que reconoce el derecho de todos los estudiantes a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos del país.

La ESI no se limita a hablar de relaciones sexuales ni a abordar contenidos biológicos. Su propuesta contempla cinco ejes fundamentales: reconocer la perspectiva de género, respetar la diversidad, valorar la afectividad, ejercer los derechos y cuidar el cuerpo y la salud.

En la escuela primaria, estos contenidos se trabajan de manera progresiva y adecuada a la edad de los chicos. Pueden incluir cuentos, actividades de lectura, conversaciones y situaciones cotidianas que permitan identificar emociones, reconocer límites, comprender el respeto por las diferencias y aprender a pedir ayuda frente a situaciones que puedan vulnerar sus derechos.

También brinda herramientas para prevenir situaciones de abuso, discriminación y violencia. Enseñar a los niños que su cuerpo les pertenece, que pueden expresar incomodidad y que existen adultos e instituciones a los que pueden recurrir forma parte de ese proceso educativo.

La legislación establece que la educación sexual integral es un derecho de los estudiantes y una responsabilidad de las instituciones educativas. Su implementación debe contemplar las distintas etapas del desarrollo y garantizar información científica, precisa y adecuada a cada edad.

Un debate que debe darse sin violencia

La participación de las familias en la educación de sus hijos es importante y las diferencias sobre los contenidos escolares pueden plantearse ante las autoridades correspondientes. Sin embargo, los desacuerdos no deberían trasladarse al aula mediante situaciones de intimidación o violencia hacia los docentes.

El episodio de la escuela 202 dejó una consecuencia concreta: cuatro días sin actividad escolar y una docente que recurrió a la Justicia para denunciar lo sucedido.

La discusión sobre la ESI, mientras tanto, merece un abordaje que vaya más allá de una controversia por un cuento. Se trata de una herramienta educativa que busca que niños y niñas conozcan sus derechos, aprendan a respetar a los demás y cuenten con recursos para cuidar su integridad.

En ese marco, el desafío de la comunidad educativa es garantizar que las diferencias puedan expresarse y debatirse, sin que el derecho de los estudiantes a recibir educación quede condicionado por episodios de violencia.