Después de años de cirugías y tratamientos por una necrosis ósea avascular, el vecino de Cutral Co logró conservar su pierna y comenzó a dar sus primeros pasos. Pero la recuperación está lejos de haber terminado: necesita insumos ortopédicos, sesiones de kinesiología y nuevas autorizaciones de PAMI para continuar con su tratamiento.
Pablo Villagra aprendió que una recuperación médica puede medirse en centímetros, en pasos y también en tiempos de espera.
Desde 2012 convive con una necrosis ósea avascular que lo llevó a atravesar múltiples intervenciones quirúrgicas y tratamientos. En ese recorrido hubo avances, retrocesos y complicaciones. Ahora, después de una de las etapas más difíciles, comenzó a caminar nuevamente. Por ahora son apenas tres o cuatro pasos y necesita asistencia, pero para él representan mucho más que una distancia.
“Camino un poco solo”, contó. Y enseguida aclaró que todavía le falta mucho trabajo de rehabilitación para recuperar la fuerza de los músculos de la rodilla y de la zona intervenida. La recuperación, sin embargo, volvió a encontrarse con un obstáculo que no está dentro de un quirófano.
Cuatro luxaciones y un elemento que todavía espera
En las últimas semanas, Villagra sufrió cuatro luxaciones de cadera. Cada episodio terminó con una nueva visita al hospital y la intervención de los traumatólogos para colocar nuevamente la articulación en su lugar.
Según relató, su médico tratante del hospital Italiano de Buenos Aires le explicó que la falta de un realce y de una plantilla correspondiente para su pierna derecha habría incidido en esas luxaciones.
Esos elementos fueron solicitados a PAMI hace aproximadamente tres meses y, de acuerdo con Villagra, todavía no fueron autorizados.
Ante la demora, tuvo que recurrir a una solución provisoria. Improvisó una plantilla y comenzó a utilizarla junto con zapatillas de media caña. Desde entonces, asegura, no volvió a sufrir nuevas luxaciones.
El episodio dejó expuesta una de las dificultades que atraviesan los pacientes con tratamientos prolongados: una intervención puede salir bien, pero la recuperación posterior requiere una cadena de elementos que deben llegar a tiempo.
El viaje a Buenos Aires
Esta semana Pablo deberá regresar a Buenos Aires para continuar con los controles médicos.
Recién el viernes recibió las órdenes de prestación y los pasajes para él y su acompañante. El viaje le permitirá realizarse estudios de laboratorio y rayos y cumplir con el control médico correspondiente a los seis meses posteriores a la cirugía.
El cronograma ya está establecido. El martes deberá realizarse los estudios para que al día siguiente los especialistas puedan evaluar los resultados.
Hay, sin embargo, una cuestión que todavía no está resuelta: la ayuda económica que PAMI le otorga para afrontar la semana que debe permanecer en Buenos Aires mientras recibe atención en el Hospital Italiano.
Villagra sostiene que esa asistencia todavía no llegó a las oficinas de PAMI de Cutral Co.
De los antibióticos a la rehabilitación
En paralelo, hubo una novedad favorable en su tratamiento.
A partir de estudios realizados en la zona por indicación de la infectóloga que lo atiende en Buenos Aires, los médicos decidieron suspender los antibióticos que venía tomando: Linezolid 600 mg y Fluconazol 200 mg.
La decisión fue adoptada después de que los profesionales analizaran los resultados de los estudios, según explicó el propio paciente.
Ahora el foco está puesto en recuperar movilidad y fuerza.
Villagra había avanzado en los ejercicios de rehabilitación, pero las luxaciones lo obligaron a retroceder. En lugar de continuar con el mismo esquema de ejercicios, actualmente debe realizar magnetoterapia, termoterapia y electroterapia para fortalecer la zona antes de retomar progresivamente la kinesiología.
Una nueva pelea: conseguir las sesiones de kinesiología
La rehabilitación tiene además un límite administrativo.
Pablo ya lleva aproximadamente 50 sesiones de kinesiología. Según explicó, los profesionales que lo atienden reciben cobertura de PAMI por 40 sesiones anuales. Para continuar con el tratamiento debe presentar una historia clínica y la indicación médica con la cantidad de sesiones que necesita.
Después vendrá nuevamente la espera por la autorización.
Para alguien que atraviesa una enfermedad crónica y una recuperación compleja, el tratamiento no termina cuando abandona el quirófano. La rehabilitación forma parte del proceso. Y, en el caso de Villagra, cada sesión representa una posibilidad de recuperar algo de la movilidad que perdió.
Una recuperación que necesita acompañamiento
La historia de Pablo tiene, por ahora, un dato alentador: puede volver a dar algunos pasos.
Pero también tiene una serie de pendientes que se acumulan en una lista que no parece menor: la plantilla, el realce, los bastones canadienses, las sesiones de kinesiología, los controles médicos y la asistencia económica necesaria para permanecer en Buenos Aires.
En medio de ese escenario, Villagra volvió a pedir ayuda a la comunidad.
Quienes quieran colaborar económicamente pueden hacerlo mediante Mercado Pago a través del alias chupe.v.mp, correspondiente a Pablo Rogelio Villagra.
También existe otra forma de acompañarlo: compartir su historia.
Porque después de tantos años de operaciones y tratamientos, la pelea de Pablo no terminó con una cirugía exitosa. Ahora empieza otra etapa, menos visible pero igual de decisiva: conseguir los elementos y la rehabilitación que necesita para transformar esos tres o cuatro pasos en una caminata.







