Este miércoles 15 de julio se cumplen 16 años de la sanción de la Ley 26.618 de Matrimonio Igualitario, una norma que convirtió a la Argentina en el primer país de América Latina en reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo su territorio.
La ley fue aprobada por el Senado durante la madrugada del 15 de julio de 2010, después de un extenso debate parlamentario y de años de reclamos judiciales, movilización social y presión política.
La reforma del Código Civil estableció que el matrimonio tiene los mismos requisitos y efectos con independencia del sexo de las personas contrayentes. La modificación garantizó a las parejas del mismo sexo el acceso a los mismos derechos que las parejas heterosexuales, entre ellos la herencia, la pensión por fallecimiento, la obra social, la protección de la vivienda y la adopción conjunta. Pero la votación de aquella madrugada no fue el comienzo de la historia.
La batalla había empezado mucho antes
En diciembre de 2002, la Ciudad de Buenos Aires había aprobado la Ley de Unión Civil. La norma convirtió a la capital argentina en la primera jurisdicción de América Latina en reconocer legalmente una unión entre personas del mismo sexo.
El avance, sin embargo, tenía límites. La unión civil no otorgaba todos los derechos del matrimonio. La discusión, entonces, comenzó a desplazarse hacia los tribunales.
Desde 2007 fueron presentadas acciones de amparo contra las normas del Código Civil que impedían a las parejas del mismo sexo acceder al matrimonio. La consigna que sintetizó aquella campaña fue: “Los mismos derechos, con los mismos nombres”.
La madrugada que cambió la ley
El debate parlamentario de 2010 estuvo atravesado por fuertes posiciones a favor y en contra del proyecto.
La discusión llegó al Senado en julio de ese año. Mientras dentro del recinto los legisladores debatían la reforma, en las calles se movilizaban miles de personas. Finalmente, durante la madrugada del 15 de julio, el Senado aprobó la Ley 26.618.
La Argentina se convirtió así en el primer país de América Latina en reconocer el matrimonio igualitario en todo su territorio, el segundo de América —después de Canadá— y el décimo del mundo.
Una ley que modificó derechos y también palabras
La reforma no se limitó a incorporar nuevos derechos. También modificó el lenguaje legal. Los términos tradicionales que definían al matrimonio fueron reemplazados por una fórmula neutral: las personas contrayentes.
El cambio tuvo una consecuencia concreta: el matrimonio pasó a ser reconocido legalmente sin distinción por sexo u orientación sexual.
La ley también habilitó la adopción conjunta para los matrimonios del mismo sexo bajo las mismas condiciones que para cualquier otra pareja.
Dieciséis años después
Durante los primeros seis meses de vigencia de la norma, alrededor de 1.100 parejas del mismo sexo contrajeron matrimonio en la Argentina. En el primer año, la cifra se acercó a las 2.300 parejas y continuó creciendo durante los años siguientes.
A 16 años de aquella sanción, la Ley de Matrimonio Igualitario continúa siendo una de las principales conquistas en materia de derechos civiles en la historia reciente del país.
Su aprobación fue el resultado de una secuencia que comenzó con la organización de colectivos de la diversidad sexual, continuó en los tribunales y terminó en el Congreso. Primero fueron las uniones civiles. Después, los amparos judiciales. Luego, los primeros matrimonios autorizados por la Justicia.
Finalmente, el 15 de julio de 2010, el Congreso convirtió en ley una demanda que durante años había resumido una lucha: los mismos derechos, con los mismos nombres.







