Hay canciones que no describen un lugar: lo encarnan. El Sur, el nuevo single de Refucilos, se mueve en esa lógica. No es postal ni consigna, es pulso. Late y ruge como el territorio del que nace.
Formada en 2017 por amigos de la infancia de Cutral Co y Plaza Huincul, la banda neuquina viene construyendo una obra donde el rock dialoga con el entorno. Blues, grunge y una narrativa atravesada por el viento, la ruta y el desierto funcionan menos como decorado y más como identidad. Con Reverdecer (2019) y Trashumancia (2022), Refucilos dejó claro que su música no busca neutralidad geográfica: suena a sur porque es sur.
El Sur, disponible en plataformas digitales desde el viernes 13 de febrero, marca una nueva etapa. Hay más peso, más aire y también más conciencia. La canción propone una inmersión: entender el paisaje no solo como herencia sino como responsabilidad. “No es silencio, es latido”, dicen desde la banda, y en esa frase se condensa la idea central del tema.
La producción estuvo a cargo de Rojo Gricman, en un proceso que combinó trabajo remoto y sesiones presenciales en Neuquén. La grabación y edición se realizaron en SONAR Estudio, con Marcos Marfus Vidal en la operación técnica, reforzando una lógica de producción cercana al territorio que la canción invoca.
El sonido termina de tomar forma en la mezcla, responsabilidad de Ale Vázquez, ingeniero con pasado junto a Carajo, Intoxicados, Massacre y Las Pastillas del Abuelo, entre otros. El mastering, realizado en El Ángel Mastering, completa un trabajo que privilegia la dinámica y el carácter antes que la prolijidad aséptica.
El lanzamiento tendrá su correlato visual el próximo 3 de marzo, con un videoclip que profundiza la relación entre música e identidad patagónica. Y, como toda canción que pide cuerpo, El Sur también llegará al escenario: el 13 de marzo en Otto Bar (Neuquén Capital) y el 11 de abril en Korotey Bar (Plaza Huincul).
Refucilos no canta sobre el sur: canta desde el sur. Y en tiempos donde todo parece sonar igual, esa pertenencia —lejos de encerrar— amplía. Porque cuando el territorio entra en la canción, la música deja de ser solo música y se vuelve experiencia.




