Denuncias formales, meses de reclamos y un nuevo episodio: el conflicto por bullying en la EPET N° 1

Un estudiante sostiene que desde el año pasado viene denunciando situaciones de bullying, exclusión social y violencia psicológica y verbal dentro del establecimiento.

Un estudiante sostiene que desde el año pasado viene denunciando situaciones de bullying, exclusión social y violencia psicológica y verbal dentro del establecimiento. Las presentaciones fueron realizadas formalmente y existen documentos que respaldan los reclamos. Pese a ello, afirma que las respuestas institucionales se limitaron durante meses a señalar que “el tema se estaba hablando”. Un nuevo episodio ocurrido el pasado viernes terminó con una fuerte discusión dentro del aula.

No comenzó ayer.

Desde el año pasado, un estudiante de la EPET N° 1 viene denunciando ante las autoridades de la institución distintas situaciones de hostigamiento por parte de compañeros. Las presentaciones, según la documentación que posee la familia, fueron realizadas formalmente y existen registros de los reclamos efectuados.

Sin embargo, el conflicto no se habría detenido.

Durante este año, el alumno asegura que a las situaciones de bullying se sumaron episodios de exclusión social, comentarios pasivo-agresivos, humillaciones y situaciones que identifica como violencia psicológica y verbal.

La pregunta que hoy atraviesa el caso es qué ocurrió durante todo ese tiempo.

Porque, según el relato del estudiante, cada vez que planteaba la situación ante preceptores, asesores o autoridades escolares recibía una respuesta similar: que el tema estaba siendo hablado o que se estaba trabajando.

Mientras tanto, asegura, los episodios continuaban.

Bancos retirados, pertenencias tiradas y aislamiento

Entre los hechos que denuncia figura una situación particularmente significativa: compañeros habrían retirado los bancos de la fila en la que se sentaba para trasladarlos a otras filas y evitar permanecer cerca suyo.

También sostiene que en distintas oportunidades encontró sus pertenencias tiradas al regresar de los recreos.

No se trata, según plantea, de una única situación aislada.

El estudiante afirma contar con fotografías, documentación y otros elementos que respaldan parte de sus denuncias.

La existencia de esos documentos permite trasladar el eje del conflicto desde el terreno de las percepciones personales hacia una pregunta concreta: qué hicieron las autoridades de la institución después de recibir las denuncias.

Un nuevo reclamo antes de la escalada

El jueves, cansado de lo que describe como una situación que se prolonga desde el año pasado, el estudiante volvió a acercarse a Asesoría.

Allí manifestó que ya no estaba dispuesto a soportar nuevas situaciones de hostigamiento y advirtió que, si volvía a ocurrir algo, se defendería.

La directora Ana Gómez intervino y le señaló que la institución no avala ningún tipo de violencia.

El estudiante respondió que, desde su perspectiva, la escuela estaba rechazando la violencia física, pero que no estaba logrando detener otras formas de violencia que él venía denunciando.

Fue una advertencia que, vista con lo ocurrido después, adquiere otra dimensión.

Al día siguiente, otra vez sus pertenencias

El viernes, al regresar del recreo, el alumno encontró su cartuchera y sus útiles tirados.

La situación terminó desbordándolo.

Según su propio relato, reaccionó con enojo, golpeó la puerta del aula, ingresó y comenzó a increpar a sus compañeros. Hubo insultos y una fuerte confrontación.

Los docentes intervinieron inmediatamente.

Durante la discusión, el estudiante reclamó a una compañera que reconociera delante de todos que ella le había contado comentarios que otros compañeros realizaban sobre él.

La joven manifestó inicialmente que tenía miedo. Finalmente, ante la insistencia del estudiante, confirmó que lo que él afirmaba era cierto.

Los docentes intentaron poner fin al enfrentamiento y retirarlo del aula. El alumno se negó y continuó expresando su enojo.

El estudiante reconoce que su reacción fue inapropiada y que actuó impulsado por la bronca acumulada. Pero sostiene que ese episodio no puede analizarse sin tener en cuenta las denuncias que, según afirma, había presentado previamente.

Una preceptora que sí lo acompañó

Dentro de su relato existe, además, una excepción que el propio estudiante considera importante destacar.

Se trata de su nueva preceptora. Según afirma, desde que asumió el cargo encontró en ella una persona que lo escucha, lo acompaña y se mantiene atenta a lo que ocurre.

La diferencia que marca el estudiante no es menor: mientras cuestiona la respuesta de otros integrantes de la institución, destaca expresamente a quien —según su experiencia— sí le brindó acompañamiento.

“No soy el único”

El joven sostiene, además, que su caso no sería el único.

Afirma conocer a otros estudiantes que atravesaron situaciones de bullying dentro del establecimiento y que, por distintos motivos, decidieron no avanzar con reclamos públicos.

Por eso decidió hacer visible su situación.

No se trata, plantea, solamente de pedir una sanción para determinados compañeros. El reclamo apunta a que las situaciones sean investigadas y a que exista una respuesta institucional concreta.

Y allí aparece el punto central del caso.

Si las denuncias fueron realizadas formalmente y existen documentos que acreditan esas presentaciones, la discusión ya no debería limitarse al episodio ocurrido este viernes.

Las preguntas son otras:

¿Qué medidas tomó la institución después de recibir las denuncias?

¿Qué seguimiento se realizó?

¿Qué intervención tuvieron los asesores y preceptores?

¿Se convocó a las familias?

¿Se entrevistó a los estudiantes involucrados?

¿Qué mecanismos se aplicaron para evitar que las situaciones denunciadas volvieran a repetirse?

Y, sobre todo:

¿Qué respuesta recibió el estudiante después de denunciar formalmente lo que estaba ocurriendo?

Del reclamo interno a la exposición pública

Durante meses, el conflicto permaneció dentro de la institución. Ahora salió a la luz.

El estudiante decidió hacerlo público después de considerar agotadas las instancias internas y luego de un nuevo episodio que terminó con una confrontación dentro del aula.

Su reacción será, seguramente, uno de los aspectos que deberá analizar la institución. Pero también deberán analizarse los hechos anteriores.

Porque una investigación seria no debería comenzar solamente cuando un estudiante golpea una puerta, levanta la voz o pierde el control.

También debería preguntarse qué ocurrió antes para que esa situación terminara produciéndose.

El caso queda ahora planteado en dos planos: por un lado, la conducta que protagonizó el estudiante durante el episodio del viernes; por otro, las denuncias previas que asegura haber presentado y que, según la documentación disponible, fueron formalizadas ante la institución.

La respuesta a ese segundo punto será determinante para establecer qué ocurrió durante los meses anteriores y qué medidas correspondía adoptar.

Mientras tanto, el estudiante resume su reclamo en una pregunta que viene repitiendo desde hace meses: “¿Hasta cuándo?”