El nieto 140 recuperó su identidad. Lo anunció este lunes la organización Abuelas de Plaza de Mayo. Su nombre biológico aún se mantiene en reserva. Lo que ya se sabe es que nació el 17 de abril de 1977 en un centro clandestino de detención, tras el secuestro y desaparición forzada de sus padres, Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz, el 16 de diciembre de 1976 en la ciudad de Cutral Co, Neuquén.
Ella tenía 24 años. Él, 23. Ambos militaban en el Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Ya eran padres de una nena, Adriana Elisa, que tenía un año al momento del operativo. Tras el secuestro, la niña fue cuidada por vecinos hasta que sus abuelos paternos se hicieron cargo.
La información clave sobre lo que ocurrió con Graciela y Raúl surgió de testimonios judiciales de sobrevivientes, que permitieron reconstruir el itinerario represivo: la pareja fue primero trasladada a “La Escuelita” de Neuquén, y más tarde, al centro clandestino homónimo en Bahía Blanca, una de las zonas del país donde operó con más intensidad la coordinación represiva entre el Ejército y la Armada.
Fue allí donde, según esos testimonios, Graciela dio a luz a un varón en cautiverio. Ni ella ni Raúl volvieron a aparecer. El bebé fue apropiado y criado con otra identidad. Pasaron 47 años.
En 1999, su hermana Adriana —ya adulta— se presentó en el Juzgado Federal de Bahía Blanca. Fue ante un tribunal donde, por primera vez, puso en palabras su búsqueda: quería encontrar a su hermano nacido en condiciones clandestinas, hijo de una madre secuestrada y desaparecida por el terrorismo de Estado. Desde entonces, el expediente quedó abierto.
La restitución fue posible gracias a un entrecruzamiento de datos judiciales, documentación histórica y análisis genético realizado por el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG). La confirmación llegó hace pocas semanas y este lunes se oficializó.
Graciela, “Peti” para su familia, había nacido en Buenos Aires el 21 de agosto de 1952. Raúl, “El Melli”, en Bahía Blanca, el 24 de agosto de 1953. Sus militancias, como las de miles de jóvenes de los años setenta, los convirtieron en blanco de la maquinaria represiva del Estado argentino durante la dictadura cívico-militar.
Con esta restitución, son 140 los nietos y nietas que recuperaron su identidad desde que Abuelas de Plaza de Mayo comenzó la búsqueda, hace más de cuatro décadas. Pero se estima que cerca de 300 personas nacidas en cautiverio aún viven sin conocer su verdadera historia.
La historia del nieto 140 es también la historia de la impunidad, de la lucha sostenida por la verdad y del rol fundamental que cumplen los organismos de derechos humanos frente a la complicidad estatal.







