El aluvión de 1975: la noche en que el barro arrasó Cutral Co

Con el paso del tiempo, distintas reconstrucciones históricas situaron el saldo de la tragedia entre 25 y 39 muertos, además de desaparecidos.

La noche del 11 de marzo de 1975 comenzó como una tormenta más en la árida geografía neuquina. Pero en pocas horas el cielo descargó una cantidad de agua que la región no estaba preparada para recibir. Cerca de 250 milímetros de lluvia cayeron sobre la comarca petrolera y transformaron los cañadones que bajan desde Cerro Bandera y Portezuelo en verdaderos ríos de barro.

Lo que siguió fue un aluvión devastador que atravesó Cutral Co siguiendo el cauce natural del llamado “zanjón”, un curso seco la mayor parte del año que muchos vecinos ya habían olvidado como amenaza. El resultado fue una tragedia que todavía hoy marca la memoria colectiva de la región.

El zanjón que se convirtió en un río de destrucción

El agua descendió con fuerza desde la meseta y encontró su camino natural hacia la ciudad. En cuestión de minutos, el zanjón —que según recuerdan antiguos pobladores era apenas “un hilito”— se convirtió en un torrente de barro, piedras y escombros.

La corriente arrasó viviendas construidas cerca de ese cauce natural y arrastró todo lo que encontró a su paso.

“Cuando el agua pasó parecía que había habido un terremoto”, recordaría años después el entonces intendente Carlos Rosso. El suelo había quedado abierto por grietas de varios metros de profundidad y el cauce del zanjón, que antes era una acequia, se había convertido en un canal de casi cien metros de ancho.

Una ciudad cubierta de barro

El aluvión cubrió amplias zonas de Cutral Co con hasta un metro de barro arcilloso.
Las primeras estimaciones indicaban:

  • cerca de 400 viviendas destruidas o gravemente dañadas
  • calles convertidas en canales de lodo
  • vehículos y postes eléctricos arrastrados por la corriente
  • rutas y vías ferroviarias cortadas

La Ruta 22 quedó interrumpida en ambos accesos a la ciudad y el Ferrocarril Roca suspendió su servicio tras el corte de vías cerca de Plaza Huincul.

Muertos, desaparecidos y miles de evacuados

Las cifras variaron durante los días posteriores al desastre. Los primeros reportes hablaban de decenas de víctimas fatales en la región. Con el paso del tiempo, distintas reconstrucciones históricas situaron el saldo de la tragedia entre 25 y 39 muertos, además de desaparecidos.

El temporal obligó a evacuar a más de 2.500 vecinos, muchos de los cuales fueron alojados en escuelas y edificios públicos.

La violencia del aluvión fue tal que algunos cuerpos aparecieron a decenas de kilómetros, incluso en la zona de Challacó, arrastrados por la corriente.

Una provincia en emergencia

La tormenta no golpeó sólo a la comarca petrolera. Gran parte de la provincia de Neuquén quedó bajo emergencia. Localidades como Picún Leufú, Piedra del Águila, Plottier y la capital provincial también registraron inundaciones y evacuaciones masivas.

Ante la magnitud del desastre, el gobierno provincial declaró zona de desastre y desplegó un operativo de asistencia con Ejército, Gendarmería, Policía, Vialidad y personal sanitario.

Camiones con alimentos, carpas, medicamentos y ropa comenzaron a llegar a las localidades afectadas mientras el Ejército instalaba cocinas de campaña para alimentar a los damnificados.

La reconstrucción

La tragedia obligó a repensar la planificación urbana de la zona. Con el tiempo se impulsaron obras pluvioaluvionales y defensas hidráulicas destinadas a canalizar las aguas que bajan desde la meseta.

También se construyeron 500 viviendas en el sector oeste de la ciudad, lo que más tarde daría origen al actual barrio San Martín, para reubicar a muchas de las familias que lo habían perdido todo.

Una herida que sigue en la memoria

A más de cinco décadas del desastre, el aluvión de marzo de 1975 sigue siendo uno de los episodios más dramáticos en la historia de Cutral Co y Plaza Huincul.

No sólo por la violencia del fenómeno natural, sino por lo que dejó al descubierto: una ciudad que había crecido sin imaginar que aquel zanjón seco podía, en una sola noche, convertirse en una fuerza capaz de cambiarlo todo.