Mutisia: la flor que Neuquén eligió como símbolo de su identidad provincial

Cada 24 de agosto se recuerda la declaración de la Mutisia como flor provincial de Neuquén. La elección quedó formalizada en 2004 mediante la Ley Nº 2465

Cada 24 de agosto se recuerda la declaración de la Mutisia como flor provincial de Neuquén. La elección quedó formalizada en 2004 mediante la Ley Nº 2465 y buscó revalorizar uno de los emblemas naturales y culturales de la región. Detrás de esa flor de colores intensos también permanece una antigua leyenda mapuche sobre dos jóvenes enfrentados al odio de sus familias.

Hay símbolos que no necesitan una bandera para representar a un territorio. A veces alcanzan una flor, un paisaje o una historia transmitida de generación en generación.

En Neuquén, uno de esos símbolos es la Mutisia decurrens, una especie característica de la región cordillerana y de los parques nacionales que, desde el 24 de agosto de 2004, es oficialmente la flor provincial.

Ese día, la Legislatura neuquina sancionó la Ley Nº 2465, mediante la cual declaró a la Mutisia como flor provincial del Neuquén. La norma estableció además que la Subsecretaría de Turismo debía difundir la medida y que la Secretaría de Estado de Educación debía incorporarla a los planes educativos.

La iniciativa había sido presentada por el Poder Ejecutivo provincial en noviembre de 2002. Entre sus fundamentos aparecía una idea que excedía largamente la elección de una especie vegetal: afianzar la identidad provincial y revalorizar los emblemas propios.

La Mutisia fue elegida precisamente por esa combinación de naturaleza, paisaje y cultura. Su presencia está asociada principalmente a los ambientes cordilleranos y a los bosques donde convive con especies autóctonas como los ñires y radales.

Sus flores, de tonalidades que pueden ir del naranja al morado y el blanco, se destacan entre el verde de la vegetación. Una presencia llamativa que durante décadas inspiró a artistas y escritores y que terminó incorporándose al imaginario regional.

Una flor y una leyenda

Pero la historia de la Mutisia en Neuquén no termina en una ley provincial.

En torno a esta flor existe una antigua leyenda de tradición mapuche que habla de amor, enfrentamientos y tragedia.

La historia cuenta que, en las cercanías del volcán Lanín, dos tribus enemigas mantenían un enfrentamiento permanente. El conflicto parecía no dejar espacio para ningún vínculo entre ambos pueblos.

Hasta que ocurrió lo impensado.

El hijo de uno de los caciques se enamoró de la hija del cacique enemigo. Los jóvenes, conscientes de que sus familias jamás aceptarían esa relación, comenzaron a encontrarse en secreto.

Una noche, mientras se desarrollaba un Nguillatún, la machi que vigilaba el ritual escuchó el grito de un pun triuque, considerado un anuncio de mal presagio.

Poco después descubrió la fuga de la joven junto con el hijo del cacique enemigo.

La noticia desencadenó la persecución. Los jóvenes fueron capturados, juzgados y condenados a muerte. La violencia puso fin a sus vidas, pero, según la leyenda, algo inesperado ocurrió al día siguiente.

En el lugar donde habían sido ejecutados comenzaron a crecer unas flores desconocidas, de pétalos anaranjados.

Los integrantes de las tribus las llamaron Quiñilhue, una planta que crece como una enredadera y se abraza a los árboles. Con el tiempo, esa flor sería conocida también como Mutisia.

La leyenda sostiene que, arrepentidos por la muerte de los jóvenes, los mapuches comenzaron a venerarla. La planta quedó así asociada para siempre con el amor de los dos jóvenes y con la memoria de una tragedia provocada por el enfrentamiento entre sus familias.

Un emblema que nació del paisaje

Más allá de la leyenda, la declaración oficial de 2004 convirtió a la Mutisia en uno de los símbolos naturales de Neuquén.

La decisión legislativa no fue solamente botánica. En sus fundamentos apareció una búsqueda de identidad: reconocer aquello que forma parte del paisaje cotidiano y, al mismo tiempo, de la memoria colectiva de una provincia.

Desde entonces, cada 24 de agosto ofrece una oportunidad para volver la mirada hacia esa flor que crece en la cordillera neuquina y que, entre árboles y montañas, terminó transformándose en algo más que una especie autóctona.

Es un emblema.

Una flor que lleva consigo el paisaje de Neuquén, pero también una historia. Una de esas historias en las que la naturaleza termina sobreviviendo a la violencia y donde, según la tradición, el amor encuentra una manera de permanecer.

La Mutisia florece en la cordillera. Pero desde hace 22 años también forma parte de la identidad oficial de Neuquén.