La historia de Natalia Hernández, quien actualmente se desempeña en la planta de metanol de Plaza Huincul, refleja la profunda transformación de un sector que abre cada vez más sus puertas a la fuerza laboral femenina.
La inserción de las mujeres en la industria hidrocarburífera ha experimentado un cambio notable en las últimas décadas. Un claro ejemplo de esta evolución es Natalia Hernández, una vecina de Plaza Huincul que lleva 14 años y medio trabajando como gruista en un ámbito históricamente masculinizado. Actualmente, Natalia cumple funciones de lunes a viernes en la planta de metanol ubicada en su localidad natal.
La importancia de la formación, todo comenzó con un curso
El camino de Natalia comenzó gracias a las capacitaciones que se dictaban en el barrio Uno a través de Inmet Huincul, un programa promovido para incentivar a los jóvenes y vecinos de la localidad ante la falta de mano de obra en la región. Aunque inicialmente realizó cursos de soldadura y amoladores —comenzando su experiencia laboral amolando para un soldador—, su curiosidad y el apoyo de un compañero de trabajo le permitieron aprender a operar maquinarias y grúas directamente en la obra.
Fue hace catorce años cuando Inmet buscaba ampliar sus operaciones y decidió enviar a capacitar a un grupo de trabajadores. En ese grupo de futuros maquinistas participaban varias mujeres, y todas ellas lograron quedar trabajando activamente en la firma. A lo largo de los años fueron cambiando hacia otros rumbos, cuando Inmet ya no operaba.
A lo largo de casi una década y media de carrera, Natalia ha demostrado un desarrollo profesional constante. Empezó operando grúas de 10 toneladas y, con esfuerzo y experiencia, fue escalando a equipos de 20, 30 y 60 toneladas, hasta alcanzar su certificación actual para comandar gigantes de 100 toneladas.
“En su momento sí se hacía más difícil porque la mujer no se veía tanto en el campo o la industria”, reflexiona Hernández al comparar sus inicios con el panorama contemporáneo. Sin embargo, la realidad actual muestra un escenario muy distinto: “Actualmente ya incorporaron muchísimo a la industria. Hoy ves muchísimas mujeres trabajando“, destaca con orgullo.
Con un hijo de 20 años y consolidada en una profesión de alta exigencia técnica, Natalia Hernández representa la determinación de las trabajadoras de la Patagonia que, con capacidad y formación, continúan ganando espacio y protagonismo en el corazón de la producción energética regional.








