Soldado Águila: Cutral Co fue el escenario de su recibimiento en 1982

Un episodio cargado de simbolismo que, sin embargo, rara vez aparece en los relatos más difundidos.

Este 3 de abril de 2026 se cumplen 44 años de la muerte de Jorge Néstor Águila. Y, como ocurre con muchas historias del interior profundo, su nombre vuelve a emerger entre la memoria colectiva y los silencios que aún persisten.

Hay hechos que quedaron en los libros. Otros, en cambio, sobreviven apenas en el recuerdo de quienes los vivieron. Uno de ellos ocurrió en Cutral Co: allí fueron recibidos sus restos tras caer en combate. Un episodio cargado de simbolismo que, sin embargo, rara vez aparece en los relatos más difundidos.

Águila tenía 20 años. En Paso Aguerre, su lugar en el mundo, lo conocían como “El Moncho”.

Había salido de ese paisaje de viento, campo y silencios para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. No volvió.

Su destino quedó sellado el 3 de abril de 1982, en el marco de la Guerra de las Malvinas, durante las acciones en Grytviken, en las Georgias del Sur. Allí, el helicóptero Puma que participaba del desembarco argentino fue alcanzado por fuego enemigo. El saldo: tres muertos. Entre ellos, Águila.

Pero hay un dato que permanece, en gran medida, fuera del relato nacional: el regreso.

Los restos del conscripto no llegaron directamente a su pueblo natal. Primero hubo una escala decisiva. El avión de Transportes Aéreos Neuquén aterrizó en Cutral Co, donde se realizó la recepción oficial.

En la pista esperaban el entonces gobernador de la provincia, Domingo Trimarco, y el intendente local, Ricardo Corradi. Hubo honores. Hubo protocolo. Pero, sobre todo, hubo un silencio espeso que marcó a quienes estuvieron allí.

Ese momento —poco difundido— funciona hoy como un punto de contacto entre la dimensión política de una guerra impulsada por la dictadura de Leopoldo Fortunato Galtieri y la historia íntima de un joven criado por su abuelo en una chacra a la vera del arroyo Picún Leufú.

Águila no era una cifra. Era un chico que cruzaba el río cuando podía para ir a la escuela. Que faltaba en invierno o en época de parición para ayudar en el campo. Que semanas antes de partir recorrió por última vez su tierra y dejó una frase que hoy resuena como una advertencia: “Siento que no voy a volver”.

No volvió. Pero regresó.

Desde Cutral Co, el traslado continuó por tierra hasta Paso Aguerre. Allí, su abuelo recibió la bandera argentina y la gorra de Infantería de Marina que cubrió el féretro. Hoy, esos objetos permanecen en el mausoleo que guarda sus restos.

A 44 años de su muerte, la escena en la pista de Cutral Co adquiere otra dimensión. No solo como acto protocolar, sino como un gesto de reconocimiento en un tiempo atravesado por la urgencia, la censura y el relato oficial.

Porque detrás de cada operación militar hay nombres propios. Y detrás de cada nombre, una historia que merece ser contada completa.

Incluso —y sobre todo— en sus capítulos menos conocidos.